
La MUERTE recorrió lentamente el cuarto de los biómetros inspccionando las apretadas filas de atareados relojes de arena. En el cuarto se oía un rugido descomunal, como el de una inmensa catarata gris.
Provenía de los estantes donde, prolongándose hasta la distancia infinita, había filas y más filas de relojes de arena en lo que bajaban los granos del tiempo mortal. Era un sonido pesado, un sonido sordo...
Imagina que la Muerte acaba de coger el biómetro donde está escrito TU PROPIO NOMBRE.
¡¡¡Aaaaaaaaahhhhhhhhh!!! ¿Qué harías?
NOTA: Existe un premio a la mejor respuesta:
¡ LA VIDA! ¡DATE PRISA!
¡LA MUERTE TE VA PISANDO LOS TALONES!